Costa Rica enfrenta hoy una de las peores crisis educativas de su historia.
Los informes Estado de la Educación hablan desde hace años de un “apagón educativo” que se ha ido profundizando: interrupciones reiteradas del curso lectivo, pérdida de aprendizajes básicos, retrocesos en indicadores de calidad y una gestión pública incapaz de revertir la tendencia. La más reciente edición del informe (2025) advierte que la crisis no solo se mantiene, sino que se ha hecho más profunda, y que la educación está perdiendo el valor histórico que tuvo como motor de movilidad social. La única forma de salir de esta crisis es poner a las y los educadores en el centro de la política pública de educación.
El plan educativo de Juan Carlos Hidalgo pone al docente en el centro
El plan de gobierno de Juan Carlos Hidalgo parte de una idea clave para enfrentar la crisis educativa en Costa Rica: no hay salida posible sin fortalecer a los docentes. Por eso, la propuesta coloca a los educadores en el centro de la reforma, con medidas orientadas a dignificar la profesión, mejorar sus condiciones de trabajo y devolver tiempo efectivo al aula.
El documento plantea reducir la tramitomanía que hoy recae sobre el profesorado, de modo que los maestros puedan concentrarse en enseñar, y no en llenar formularios. Además, propone modernizar la formación inicial y continua en alianza con las universidades, para que los educadores cuenten con herramientas actualizadas frente a los retos de la sociedad actual.
Fortalecimiento del desarrollo profesional docente
Uno de los pilares del plan educativo es el fortalecimiento del Instituto de Desarrollo Profesional (IDP) como motor del crecimiento académico y pedagógico de los educadores. La propuesta busca que la capacitación docente deje de ser una suma de cursos aislados y se convierta en una ruta clara de desarrollo profesional.
Las prioridades incluyen:
- formación en inclusión y atención a la diversidad,
- uso pedagógico de tecnologías y recursos digitales,
- ciudadanía global y habilidades del siglo XXI,
- sostenibilidad y educación para el desarrollo.
Con ello, el plan de Juan Carlos Hidalgo apunta a un magisterio mejor preparado, acompañado y actualizado, condición indispensable para mejorar los aprendizajes estudiantiles.
Evaluación justa y acompañamiento en el aula
Otro punto central de la propuesta es la reforma de la carrera profesional docente y de los sistemas de evaluación. El enfoque que plantea el plan de gobierno se aleja de una visión punitiva y se acerca a un modelo de evaluación justa, con acompañamiento pedagógico.
La evaluación del desempeño se concibe como una herramienta para:
- detectar necesidades de apoyo en los educadores,
- reconocer el buen desempeño,
- orientar oportunidades de formación,
- mejorar el clima y la calidad educativa en los centros.
De esta manera, el plan busca recuperar la confianza de los docentes en las instituciones y usar la evaluación como un mecanismo de crecimiento, no de persecución.
Tecnología, liderazgo y respaldo a los educadores
El plan de Juan Carlos Hidalgo también incorpora la tecnología como aliada del docente. La propuesta incluye el uso responsable de herramientas digitales e inteligencia artificial para:
- personalizar los aprendizajes,
- identificar rezagos,
- reducir la carga administrativa,
- mejorar la gestión en los centros educativos.
Al mismo tiempo, plantea que directores y supervisores asuman un rol de liderazgo pedagógico, y no solo administrativo, convirtiéndose en aliados cercanos de los equipos docentes en la mejora de la enseñanza y la convivencia escolar.
Una ruta para superar la crisis desde la voz de los educadores
En medio de la crisis educativa que vive Costa Rica, el plan de gobierno de Juan Carlos Hidalgo destaca por ofrecer una ruta donde los educadores son protagonistas del cambio. Dignificar la carrera docente, fortalecer el desarrollo profesional, mejorar la evaluación y utilizar la tecnología para apoyar —y no sustituir— a los maestros, son elementos que convierten a esta propuesta en una apuesta clara por recuperar la educación empezando por el aula.
Si el país decide avanzar por esta ruta, la salida del “apagón educativo” podría comenzar justamente donde se origina cualquier transformación real: en la relación diaria entre docentes y estudiantes.